Leon
Battista Alberti. Biografía y obra
Introducción
a la biografía de León Battista Alberti
El
italiano Leon Battista Alberti fue, además de arquitecto, el
primer teórico del arte del renacimiento.
Nació en
Génova el 14 de febrero de 1404. Era hijo de Lorenzo Alberti,
miembro de una rica familia de comerciantes y banqueros. Recibió
una esmerada formación en la escuela de Barsizia (Padua) y
en la Universidad de Bolonia. Estudió griego, matemáticas,
ciencias físicas, filosofía, música, pintura
y escultura.
Tras la muerte
de su padre en 1421, sufrió problemas de tipo económico
debido a las diferencias con su familia. Por ello, decidió
comenzar la carrera eclesiástica. En 1432, se trasladó
a Roma. Allí fue nombrado secretario del papa Eugenio IV y
aprovechó la estancia para estudiar los monumentos de la Antigüedad
clásica.
En 1434 se incorporó
a corte papal establecida en Florencia. Se introdujo en los ambientes
humanísticos y culturales de la ciudad y entabló amistad
con algunos artistas del momento como Brunelleschi, Donatello y Masaccio.

Alberti comenzó
a trabajar como arquitecto alrededor del año 1430. Sus primeras
obras las realizó para la familia Rucellai en Florencia. Sus
edificios están considerados como los ejemplos más sobresalientes
de la arquitectura renacentista.
Destaca más
su actividad como teórico que como constructor, ya que proyectaba
todos los elementos al detalle, pero nunca participaba en la construcción
de sus edificios.
Otra de las facetas
más importantes en Alberti son sus tratados teóricos,
por los que hoy conocemos su pensamiento artístico. Los más
relevantes son Della Pittura (1436) y De Re Aedificatoria (1453).
Obras
de Alberti
Palacio Rucellai
(1445-1451), Florencia.
Es su primer encargo
arquitectónico importante en Florencia. Dispone el palacio
en torno a un patio central, siguiendo la disposición de la
típica domus romana, y se centra en la fachada, que es donde
se encuentran las soluciones más novedosas.

Divide la fachada
en tres pisos separados por cornisas con un claro sentido horizontal,
aunque estas divisiones horizontales no coinciden con la altura real
de las plantas. Para romper la horizontalidad introduce una serie
de pilastras verticales en las que emplea la superposición
de órdenes clásicos. Con ello consigue, además,
un interesante juego de luces y sombras.
El palacio se convirtió en un modelo a seguir en las sucesivas
construcciones de residencias señoriales.
Templo San
Francisco o Templo Malatesta de Rimini (1447-1450)
Sigismondo Pandolfo
Malatesta, príncipe de Rimini, encargó a Alberti transformar
la iglesia de San Francisco y convertirla en un templo en el que disponer
su sepultura, la de su amada Issotta degli Tai y las tumbas de los
hombres ilustres de Rimini.

Aunque el proyecto
quedó inacabado, se sabe que Alberti planteó la fachada
principal a modo de arco de triunfo y que para el ábside quería
desarrollar una gran rotonda cubierta por una bóveda hemisférica.
Iglesia de
San Sebastiano (1460), Mantua.
Era una iglesia
privada para el duque de Mantua, Ludovico Gonzaga. La obra tampoco
llegó a terminarse. Alberti Ideó una iglesia con planta
de cruz griega, dividida en dos alturas. La superior estaba coronada
por una gran cúpula, y la inferior, poseía tres naves
separadas por dos filas de pilares.
Iglesia de
Sant'Andrea (1472), Mantua.
Alberti sigue
en esta iglesia el concepto de "templum etruscum" que ya
había expuesto en su De re aedificatoria.
La iglesia presenta planta de cruz latina con una única nave
y capillas laterales rectangulares. La fachada es majestuosa, con
un gigantesco orden de pilastras que soportan un frontón triangular.
Santa María
Novella (1456-70), Florencia.
Bajo la petición
de Rucellai en 1456, acomete la finalización de la fachada
de la iglesia de Santa Maria Novella, que había quedado inacabada.
El principal problema era integrar los elementos de épocas
anteriores.

Alberti completó
la fachada, la parte del basamento ya estaba realizada, con una ordenación
clásica, basada en la proporción. Para unificar el conjunto
y armonizar los elementos previos góticos con los nuevos, renacentistas,
utilizó la taracea de mármoles de colores, una tradición
constructiva toscana. Consiste en la combinación de mármoles
blancos y verdes oscuros.
La solución
final es una fachada a modo de telón delante de una iglesia
gótica.