Escultura
Neoclásica en España
La introducción
del neoclasicismo en la escultura española fue un proceso lento.
La tradición barroca estaba muy arraigada en nuestro país
y no podía desaparecer de golpe. Cuando en 1752 se funda la
Academia de San Fernando (principal instrumento de difusión
del Neoclasicismo), todavía los escultores estaban muy ligados
a las fórmulas tardobarrocas.

Poco a poco la
Academia irá endureciendo sus postulados para acabar con la
vieja tradición. Defiende la expresión serena y sosegada,
imitando el estilo de los grandes escultores de la Antigüedad,
frente al realismo y expresionismo de la escultura barroca. Rechaza
los efectos pictóricos, la teatralidad y el movimiento desbordado
del Barroco.
Se evitan los
fuertes contrastes de claroscuro y dotan a la representación
de un modelado suave y de un acabado pulido y homogéneo. Interesa
más, en general, la belleza puramente formal que la fuerza
espiritual de la obra, por eso caen en la frialdad.
Pero no sólo
impone una normativa estricta, sino que también pensionará
a los alumnos para que amplíen sus estudios en Italia y aprendan
los planteamientos clásicos.
Los materiales
preferidos serán el mármol blanco y el bronce. En cuanto
a la temática, predominan los temas profanos.
Comienza a tomar
entidad la estatuaria monumental (los monumentos conmemorativos y
las decoraciones escultóricas de los edificios).
La Corona es el
principal cliente de la época, y los Borbones pusieron de moda
la figura del escultor de cámara, que el que coordina las iniciativas
y encargos reales.
La
escultura entre el Academicismo Clásico y el Barroco Tardío
José
Ginés (1768-1823)
Formado
en las Academias de San Carlos y San Fernando dentro de un academicismo
riguroso, en su obra aún hay vigentes muchos de los ideales
barrocos.
El grupo de La
matanza de los Inocentes, ejecutado en barro policromado, continúa
con la tradición barroca por su expresividad y rica policromía.
Cultiva tendencias
más clásicas en Venus y Cupido y en el relieve Damocles
y Dionisio.
Juan Adán
(1741-1816)
Se formó
en la Academia de Zaragoza y estuvo pensionado en Roma. Con él
se produce el paso definitivo al Neoclasicismo.
Su asentamiento
en Madrid como escultor de cámara, hace que de decante definitivamente
por las formas clásicas.
Su Venus, encargada
por la duquesa de Osuna para su residencia de la Alameda, es un espléndido
compendio de la estética neoclásica.
Su producción
retratística también sigue las pautas neoclásicas.
Destacan el busto de El Duque de Alcudia y los de los reyes Carlos
IV y Maria Luisa de Saboya.
El
Neoclasicismo
Encontramos dos
focos artísticos. Por un lado, Madrid, marcado por la Academia
de San Fernando y por las necesidades escultóricas de la monarquía
en los Sitios Reales. Por otro lado, Barcelona, con la Junta de Comercio
y su escuela de la Lonja, que fue el segundo gran centro de formación
del país.
La
Academia de San Fernando y los escultores cortesanos
José
Álvarez Cubero (1768-1827)
Es la figura central
de nuestro clasicismo. Estudió en la Academia de San Fernando
y obtuvo una pensión para estudiar en París. Pasó
luego a Roma, siendo éste el periodo más fecundo de
su obra.
Realizó
varias esculturas para La Casita del Labrador en Aranjuez. A este
conjunto pertenecen Diana cazadora, Apolino inspirado por la música
y Morfeo adolescente o Amor dormido.
La obra más
sobresaliente es La Defensa de Zaragoza, que conmemora un episodio
de la Guerra de la Independencia, la protección de un hijo
a su padre durante el sitio de Zaragoza. Consiguió que este
grupo de composición piramidal no se quedara en lo anecdótico,
dotándola de atemporalidad y de carácter trascendente.
Aparte de las
obras de temática mitológica ejecutó numerosos
retratos en el ámbito aristocrático, donde se observa
la perfecta asimilación del clasicismo. Ejemplos de ello son
los retratos sedentes de Maria Luisa de Saboya, Maria Isabel de Braganza
y La Marquesa de Ariza.
Ramón
Barba (1769-1831)
Fue primer escultor
de cámara con Fernando VII. Esta vinculación con el
poder favoreció la elaboración de retratos como los
bustos de Carlos IV y Maria Luisa de Parma o el retrato sedente de
Carlos IV.
Valeriano Salvatierra
(1789-1836)
Formado en la Academia y pensionado a Roma, su obra más relevante
es el Sepulcro del Cardenal Luís de Borbón y Vallabriga.
También realizó el Sepulcro de la Condesa de Chinchón.
Los
escultores catalanes
Damian Campeny
(1771-1855)
Estudió en la Lonja y fue pensionado por la Junta de Comercio
para estudiar en Roma. De esta época es su obra maestra, la
Lucrecia muerta. Realizada en yeso en Roma y enviada a la Lonja, no
se pasó a mármol hasta treinta años después.
Lucrecia aparece sobre una silla, su cuerpo parece resbalar y su cabeza
cae inerte hacia un lado. La expresión de su rostro es serena
e idealizada. Supone un bello estudio de la anatomía y los
ropajes.
En su Cleopatra
agonizante utiliza una iconografía similar. Ambas representan
la belleza femenina ante una muerte violenta de forma serena e idealizada.
Antonio Solá
(1782-1861)
Se formó
en la Lonja y también fue pensionado a Roma. El conocimiento
de los griegos lo corrobora su Venus y Cupido, cuyo referente
es el cuerpo femenino de las diosas clásicas.
Más conocido
es el Daoiz y Velarde de la Plaza del Dos de Mayo de Madrid.
El espíritu retórico y apasionado, vinculado a la exaltación
patriótica, al valor y al heroísmo, hace que esta obra
se relacione con la Defensa de Zaragoza de Cubero.
Ambas, además,
se inspiran en la Guerra de la Independencia.
Son dos personajes cogidos de la mano en un acto de juramento, de
apoyo recíproco. Las cabezas, elevadas, revelan heroísmo,
pero también temor.
La novedad de
la obra reside en que Solá despoja a los personajes de los
característicos atuendos romanos y los viste con los ropajes
de la actualidad, adecuándose al momento histórico al
que pertenece, pero trabajándolos con la estética clásica.

El monumento
a Cervantes, colocado frente al Congreso de los Diputados, presenta
al escritor con ropajes de su época, y le proporciona, además,
un cierto un aire de Antigüedad.
Otros escultores vinculados al mundo neoclásico son Pedro Hermoso,
Esteban de Agreda, el hijo de Álvarez Cubero y José
Álvarez Bouquel.
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