Obra
y biografía de Antonio Solá
El catalán
Antonio Solá es el último gran escultor neoclásico
español. Nació en Barcelona en 1787 y se formó
en la Escuela de la Lonja. En 1802 obtuvo una pensión de la
Junta de Comercio para ir a estudiar a Roma y más tarde consiguió
otra pensión de la Academia de San Fernando que le permitió
quedarse en la capital italiana. Allí sufrió prisión
en 1808 junto a otros artistas españoles por negarse a reconocer
a José Bonaparte como rey de España.

Más tarde,
fue el encargado de tutelar a los estudiantes españoles que
iban Roma a completar su formación artística. Permaneció
en Italia hasta su muerte pero nunca perdió el contacto con
España, siguió enviando obras y recibió numerosos
títulos como el de académico de San Fernando o escultor
honorario de la reina Isabel II.
De su etapa de
aprendizaje en Roma es Telémaco narrando las aventuras de
la isla de Calypso, que sigue un esquema compositivo clásico.
Nióbides castigado por Apolo y Diana, que tiene un tratamiento
más dinámico debido al dramatismo del tema.
En su producción
destacan las obras de espíritu clásico como Gladiador
moribundo, Ceres, Meleagro, Venus y Cupido
o Caridad romana y las de rango monumental, como es su grupo
de Daoíz y Velarde de la plaza del Dos de Mayo.
Meleagro
Es un desnudo
juvenil, de fino y sensible modelado y una actitud natural. A sus
pies tiene una cabeza de jabalí.
Venus
enseñando a Cupido a disparar el arco
La Venus está
cubierta de caderas abajo por una tela, al igual que la Venus de Milo.
Al lado está el niño Cupido, al que enseña a
manejar el arco con actitud maternal.
La
matanza de los inocentes
Realizada en 1834,
es una escultura exenta de mármol, donde se aprecia el interés
de Solá por representar actitudes tensas y en movimiento, aunque
dentro de una composición clasicista.
Daoíz
y Velarde
El grupo de Daoíz
y Velarde es la obra más conocida Antonio Solá. La realizó
en Roma al mismo tiempo que Álvarez Cubero trabajaba en La
defensa de Zaragoza.
La temática
es contemporánea y está relacionada con el posicionamiento
político de Solá. Recordemos que había sufrido
incluso prisión en Italia por no reconocer a José Bonaparte
como rey de España y a través de esta obra reivindica
la valentía al defender la patria ante la invasión extranjera.
Los personajes
son representados como figuras reales, no son retratos, son figuras
vivas. Van vestidas con uniformes militares y levantan sus espadas
dispuestas a morir en la lucha.
La obra obtuvo
un gran éxito en Roma y en España. Ha recorrido diferentes
lugares dentro del ámbito urbano, hasta que finalmente se ubicó
en la plaza madrileña del Dos de Mayo, lugar donde se encuentra
en la actualidad.
Cervantes
La estatua de
Cervantes es otro de sus monumentos enviados desde Roma. Se encuentra
en Madrid, en la plaza de las Cortes, frente al Congreso de los Diputados.
En ella Solá deja atrás el neoclasicismo para evocar
al personaje en su realidad histórica. Lo representa con un
atuendo del siglo XVI y con unos papeles en la mano.

Otros monumentos
destacables de Solá son los sepulcros del obispo Pedro Quevedo
y Quintana, el de Félix Aguirre, el de la marquesa de Ariza
y el de los duques de San Fernando en Boadilla del Monte.
El sepulcro
de la marquesa de Ariza se le encargó finalizar tras la
muerte de Álvarez. Es sencillo y de estilo clásico,
con el busto en medallón de la marquesa, guirnalda y dos ángeles
a ambos lados de la urna sepulcral. El Sepulcro de duques de San
Fernando representa a la dama reclinada sobre el sarcófago.
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