Biografía
y obra de Sandro Botticelli
Introducción
a la biografía y Obra de Sandro Botticelli (1445 -1510)
A pesar de que,
históricamente, se ha considerado a Rafael como El Pintor de
La Virgen renacentista, a Boticcelli le correspondería un homólogo
puesto en la lista de creadores de exquisitos modelos femeninos. Será
la figura de la dama, en el sentido más "cortés"
de la palabra, la gran protagonista de sus composiciones; rodeada
de un aura de elegancia y lánguida belleza, la tipología
de mujer a la que recurre como leit motiv de su producción
ejemplifica, dentro de la corriente pictórica del Quatroccento
italiano, la búsqueda del Ideal (frente al intento de aprehensión
naturalista e individual llevado a cabo por otros autores).
A caballo entre
la representación onírica, plena de un amor platónico
por la mujer (tan distinta de esas rubicundas y maternales futuras
madonnas rafaelianas), y la exaltación de la belleza se sitúa
el modelo de virgen que creará, real en la plasmación
de su plenitud a la vez que intelectualizada en su concepción.
Perteneciente
a la segunda generación de la Escuela Florentina, Sandro Botticelli
es uno de los más famosos e importantes pintores del Renacimiento
italiano del s.XV, siendo conocido principalmente por sus maravillosas
creaciones de carácter mitológico.

Biografía
de Sandro Botticelli
Nacido en el año
de 1445 en la ciudad de Florencia, y difunto en la misma en 1510,
su nombre puede que derivase del apodo otorgado a su hermano mayor
Giovanni o a algún compañero paterno con el cual habría
trabajado (no se han encontrado indicios que apoyen la veracidad de
este dato aportado por Vasari), atendiendo en realidad este artista
al título de Alessandro di Mariano Filipepi.
Al igual que sucede
con un buen número de contemporáneos de Botticelli,
establecer sus inicios en el mundo de la pintura presenta algunos
problemas, dado que existen quienes consideran que se habría
formado en el taller de Fra Filippo Lippi, frente a aquéllos
que adjudican la responsabilidad de su aprendizaje a Verrocchio o
a Pollaiuolo. Lo que sí se sabe con certeza es que en la década
de los setenta inicia su andadura profesional: es a comienzos de la
misma (1472) cuando aparece documentado inscrito en el gremio florentino
de pintores y empieza a recibir sus primeros encargos (caso de la
alegórica Fortaleza realizada para la sala de la Mercatanzia
de Florencia o del San Sebastián para la iglesia de Santa María
Maggiore de Florencia).
La
producción de Boticelli va a estar muy vinculada a lo largo
de toda su vida a diversas instituciones oficiales e importantes familias,
llegando a ser protegido de los Médici (lo cual da idea del
reconocimiento de prestigio que ya habría alcanzado en la época),
para quienes pintará, entre muchas otras obras, los retratos
de Cosme el Viejo y Giuliano de Médici (a quienes volverá
a representar además, junto con varios miembros de la familia,
en la Adoración de los Magos realizada hacia 1476 por encargo
de Giovanni Lami), el Retablo de las convertidas o la Virgen de la
Eucaristía. También habría sido un Médici
el poseedor de sus magníficas e internacionalmente conocidas
Alegoría de la Primavera (1478) y Nacimiento de Venus (1485),
así como de las obras hermanadas Regreso de Judith a Betulia
y Descubrimiento del cadáver de Holofernes (hacia 1475).
A principios de
la década de 1480 incluso será reclamado por el Papa
Sixto IV para participar en la decoración de la Capilla Sixtina,
dejando constancia de su paso por el Vaticano en los frescos de las
Pruebas de Moisés (ejemplo magnífico del dominio que
posee de la perspectiva y su conocimiento del uso de la luz, la aplicación
del color y la obtención de volumetría), la Tentación
de Cristo y el Castigo de los rebeldes contra Aarón.
Una vez de vuelta
de Roma es cuando va a realizar algunos de sus más bellos cuadros,
entre los cuales es posible encontrar aquellas pinturas de temática
mitológica que tanta fama le dieron y con las que, por lo general,
se suele asociar su imagen, caso de Palas y el Centauro (1482) y Venus
y Marte. Sin embargo, no se pueden dejar en el tintero otras composiciones
de carácter religioso realizadas por Boticelli en este periodo,
como la maravillosa Madonna del Magnificat (hacia mediados de 1480),
la Madonna de la Granada (1485), el retablo (1485) encargado por Giovanni
de Bardi para la capilla que poseía su familia en la iglesia
del Santo Espíritu florentina o la Anunciación de Guardi
(1489). A través del análisis de las mismas se puede
apreciar la evolución y culminación de su estilo preciosista
y elegante, que comienza ya a inclinarse hacia la tristeza al final
de la década (se puede apreciar en la boccacciana Historia
de Nastagio degli Onesti).
Quizá sea
la última etapa de su producción, durante la cual tenderá
a un ascetismo sombrío desposeído del encanto previo
ya visto, la más diferente, salvándose de esta tendencia
la obra, basada en el texto de Luciano, la Calumnia de Apeles (1495).
Principales
obras de Botticelli
Aún cuando
la mayoría de las obras de Botticelli resultan poseedoras de
una enorme calidad y un característico estilo muy similar,
han sido las composiciones El Nacimiento de Venus y La Primavera las
consideradas como sus grandes obras maestras.
En ambas es posible
apreciar el estilo refinado, preciosista y, de algún modo,
irreal, propio de Botticelli, al servicio del cual entrará
su dominio de la tensión lineal (influencia de Pollaiuolo)
y su concepción casi espiritual de la materia.
En las composiciones
botticellianas la naturalidad de la escena, a pesar de la riqueza
decorativa y la complejidad que en ocasiones se muestra, siempre sorprende.
De algún modo las figuras parecen existir en sus cuadros porque
no podría haber sido de otra manera, resultando siempre ligera
la transición entre los diversos personajes (debido en gran
parte al empleo móvil que de la línea realiza), existiendo
incluso aquellos autores que han teorizado acerca de su producción
en términos de comparación musical (en su obra el ritmo
y el lirismo se unen para conformar un etéreo conjunto visual
resultado de una comprensión del mundo pasada por el tamiz
del neoplatonismo y el intelecto).
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