Obra
y biografía de Rafael Canogar
Introducción
a la figura del pintor Rafael Canogar
Rafael Cano García
(Rafael Canogar) es uno de los artistas más representativos
del arte español de la segunda mitad del siglo XX.
Nació en
Toledo en 1935 y pasó su infancia en San Sebastián.
En 1944 se trasladó a Madrid con su familia y cuatro años
más tarde, comienza su formación en taller del pintor
Daniel Vázquez Díaz a la vez acude por las tardes a
las clases de dibujo del Círculo de Bellas Artes. En esta época
pinta paisajes y retratos al estilo de su maestro y comienza a interesarse
por la obra de Braque, Picasso y Miró.
A diferencia de
otros artistas de la misma generación, su obra no se puede
clasificar dentro de un estilo determinado, aunque posee unos rasgos
que serán constantes a lo largo de su obra: el gesto, la materia
y el color. Tres elementos que se presentarán alternativamente
dentro de una estética informal, figurativa o abstracta.
En 1955 entabla
relación con el crítico y poeta Manuel Conde. Con él
viaja a París e Italia y entra en contacto con las corrientes
artísticas del momento. A partir de ahí, su obra se
orienta hacia la abstracción informalista. En 1957, funda junto
a otros artistas el grupo "EL PASO", que supone una
renovación para la pintura española.
Dentro de ésta
etapa compone una serie de obras de gran fuerza expresiva, muy gestuales
y con tonalidades ocres, grises, blancos y negros.
En La rueda,
de 1959, el trazo está aplicado con gran violencia. Plantea
una irradiación o tensión expansiva, enfatizada por
una técnica a base de fuertes empastes de pintura aplicada
con los dedos y con una gama de color reducida al blanco y negro,
con acentos de color rojizo.
En los años
sesenta, comienza la serie "Personajes" con una tímida
intención de crítica social. A partir de 1964 abandona
el informalismo y su pintura toma un rumbo nuevo, se inclina hacia
la figuración. Sus nuevas obras se basan en crónicas
narrativas tomadas de los medios de comunicación, comenzando
una etapa más realista que evoca escenas urbanas que funcionan
como denuncia social y política. Algunos ejemplos son El
accidente o Escucho con mis ojos a los muertos.
Posteriormente,
entre 1967 y 1975, estas escenas urbanas adquieren una tercera dimensión
y los colores se reducen a la gama de grises y negros. Se trata de
"los relieves", construcciones monocromas a medio
camino entre la pintura y la escultura, realizadas a partir de vaciados
en materiales como la madera, fibra de vidrio y poliéster.
En ellas representa detenciones, prisioneros, multitudes, etc. Un
ejemplo es El paseo de Juan.
A partir de 1975,
Canogar siente la necesidad de volver de nuevo a la abstracción
y a expresarse con medios exclusivamente plásticos. La materia
pictórica y la gama cromática se enriquecen llenando
de matices la obra. Poco a poco va introduciendo trazos y líneas,
formas geométricas que le permiten reordenar la composición.
Su obra, está dominada por una cuidada tensión entre
gestualidad y geometría.