Grupo
Dau al Set
La guerra civil
española (1936-1939) frenó el desarrollo de la vanguardia.
Muchos artistas de esta época murieron en el frente o fueron
exiliados.
Durante la posguerra
se produjo una pintura de carácter académico y tradicional
con unas gotas de modernidad y será a finales de los años
cuarenta cuando comiencen a surgir grupos que apuestan por nuevas
tendencias. Dau al Set (Dado en el número siete)
será uno de los primeros movimientos preocupado por reivindicar
la creación artística frente a la ideología imperante
en España.
Se fundó
en Barcelona en 1948 por jóvenes artistas abiertos a las corrientes
francesas y universales. Las figuras iniciales son el poeta Joan
Brossa y el pintor Joan Ponç, a los que se unen
Arnau Puig, Tàpies, Tharrats, Cuixart
y el escritor Juan Eduardo Cirlot. Se propusieron enlazar con
el surrealismo que había quedado interrumpido con la guerra
civil y para todos ellos, la figura que servía de ejemplo era
Joan Miró.
Reconocieron la
influencia de Klee, Max Ernst y Picabia y se situaron en la línea
del surrealismo mágico. No tuvieron un manifiesto, pero crearon
una revista llamada también Dau al Set, que fue su medio de
expresión. Dedicaron sus números a estos artistas, a
Dalí, a Magritte, a Francis Picabia, al dadaísmo, al
psicoanálisis o a la magia. A través de ella promovieron
la renovación artística y cultural.
El grupo desempeñó
un papel de gran importancia en la entrada de la vanguardia y prepararon
el camino al informalismo en España.
Joan Josep
Tharrats nació en Girona y cursó sus primeros estudios
artísticos en Barcelona. Es uno de los fundadores del grupo
Dau al Set en 1948. Se encargó de editar y dirigir la revista
hasta 1956. Antes de vincularse al grupo, su pintura pasó por
el postimpresionismo, con claras referencias a Toulouse-Lautrec y
Van Gogh. También experimentó la abstracción,
donde se ve la influencia de Kandinsky, Klee y Mondrian.
Al integrarse
en Dau al Set se adentró en el mundo del surrealismo y la abstracción
mágica, y más tarde, lo abandonó en favor del
informalismo, sumergiéndose en las posibilidades de la investigación
técnico-material. Introducirá materiales no convencionales
como arena, cemento, limaduras que le permiten crear imágenes
con sugerencias de mundos fantásticos o soñados.
Un ejemplo de
ello son sus Maculaturas, a partir de 1954.
Joan Ponç
se movía desde 1946 en la línea de un expresionismo
fantástico. En 1947 conoció a Brossa, se preocupó
por la teoría freudiana y realizó algunas series de
carácter surrealista como Suite Inquietuts, Suite
Al-lucinació II y Al-lucinació III.
Su mundo mágico
lo habitan personajes deformes, con miembros que se estiran, se alargan
y se encojen y narran complejas historias.
Al contrario que
Tharrats, Cuixart y Tapies, no evolucionó hacia el informalismo,
sino que siguió una trayectoria personal.
Modest Cuixart
es quien más entronca con la línea del surrealismo anterior.
Sus obras están llenas de signos e imágenes oníricas,
ofreciendo una imagen mágica y misteriosa de la realidad. Realiza
una pintura de pasta espesa y colorista agujereada por múltiples
incisiones y grafismos. Compagina la importancia del signo y el grafismo
con la preocupación por los materiales no convencionales y
la investigación técnica. Experimenta con diversos soportes
y materiales y posteriormente incorporará objetos diversos
en la tela.
Antoni Tàpies,
se interesa por el surrealismo durante los años cuarenta como
reacción al arte conservador franquista.
Encontramos notables
referencias a Miró, Ernst y Klee en las obras de este periodo,
como en Parafaragamus, Kaffir o Collage amb billets
de banc.
Hacia 1951, Tàpies
se desliga del grupo Dau al Set e inicia una evolución individual.
Opta por una línea informalista, abstracta, basada en las investigaciones
sobre la materia pictórica como medio expresivo artístico
e impone como valor total la materia frente a la forma
Los miembros del
grupo tuvieron una trayectoria irregular, por lo que en 1954 acabó
disolviéndose.