Juan
Carreño de Miranda.
Biografía y obra
Introducción
a la biografía y obra de Juan Carreño de Miranda
Juan Carreño
de Miranda es un pintor asturiano del barroco español.
Nacido en Avilés en 1614, en el seno de una familia
noble. En 1625 se trasladó con su padre, ya viudo, a Madrid
y comenzó su formación en el taller de Pedro de las
Cuevas, un pintor madrileño.
Su estilo se encuadra
dentro del barroco. Se observa la influencia de Velázquez en
los estudios lumínicos y de Rubens. A lo largo de su trayectoria
artística abarcó casi todos los campos, prestando especial
interés a lo religioso y al retrato.
Durante los primeros
años de su carrera recibió importantes encargos para
iglesias y particulares y a partir de 1669, cuando es nombrado pintor
del rey, se dedicó al retrato. Fue uno de los mayores
retratistas de la Corte española, coincidiendo con Velázquez,
de quien era buen amigo.
Practica un tipo
de retrato solemne, austero, de colores apagados y fondo neutro, sin
detalles ni recreaciones en adornos o joyas. Supo captar con elegancia
y psicología a los personajes de la Corte madrileña.
Dentro de los retratos que realizó en el ámbito cortesano
sobresalen El Duque de Pastrana y el de Pedro Potemkin.
En sus pinturas
murales recalcó el gusto por los efectos escenográficos.
Destacan los frescos religiosos de la Catedral de Toledo y la decoración
mural del Salón de los Espejos del Alcázar, supervisada
por Velázquez.
Obra
de Juan Carreño de Miranda
Bufón
Francisco Bazán
El personaje está
de pie, vestido de negro y se sitúa sobre un fondo neutro,
sin ninguna referencia espacial, de manera que se integra con el fondo,
creando un mayor efecto teatral. Aparece con actitud digna, como corresponde
a un funcionario de la corte.
Carlos II
Carlos II es representado
como un niño enfermizo, retraído, frágil. Va
vestido de terciopelo negro con calzas blancas, a la moda del siglo
XVII, su tez es blanquísima y sus cabellos rubios. Está
solo en una sala llena de lujo, envuelto por un grueso cortinaje de
color rojo. Carreño sigue aquí los modelos venecianos
en el empleo del color y del movimiento.
Doña
Mariana de Austria viuda
Es uno de los
primeros retratos que lleva a cabo cuando es nombrado pintor del Rey.
La protagonista es doña Mariana de Austria, que es la segunda
esposa de Felipe IV y la madre de Carlos II. Desde 1665 es viuda,
por eso aparece vestida con toca, siguiendo la costumbre española.
Está sentada ante una mesa con gesto de preocupación.
En la composición predominan los blancos y negros.

Duque de Pastrana
Es un retrato
majestuoso, que trasmite cierto aire de melancólico misterio.
Eugenia Martínez
Vallejo
Eugenia Martínez
Vallejo era una de las personas con defectos físicos o psíquicos
que formaban una pequeña corte alrededor de los infantes de
España. Se la conocía como La Monstrua.

Festín
de Herodes
El lienzo se inspira
en la vida de san Juan Bautista. Carreño eligie el momento
de la presentación de la cabeza del Bautista por parte de Salomé
a su madre, Herodías, y al rey Herodes. Dispone las figuras
en torno a una mesa para dar sensación de profundidad sobre
un fondo de arquitecturas renacentistas.
Fundación
de la Orden de los Trinitarios
Fue realizada
en el año 1666 para la iglesia del convento de los Trinitarios
de Pamplona. La obra recoge el momento en el que a San Juan, durante
la misa, se le aparece un ángel cuyas manos se apoyan en las
cabezas de dos prisioneros, uno musulmán y otro cristiano.
Entonces comprendió que tenía que fundar una orden dedicada
a la redención de los prisioneros cristianos. San Juan está
acompañado por varios sacerdotes vestidos con casullas bordadas
de oro y plata. Son rostros muy expresivos.
Consigue la sensación
de perspectiva y emplea una luz intensa mientras que la zona de la
izquierda está en penumbra para crear efectos lumínicos
sensacionales.
San Sebastián
Carreño
lo sitúa en primer plano, con pose retorcida, sobre un fondo
indefinido de paisaje de tonos azulados contribuyen a resaltar su
cuerpo, sensual y proporcionado.
Santa Ana enseñando
a leer a la Virgen
La composición
se organiza de forma piramidal y utiliza una perspectiva alta. Las
figuras son amplias y escultóricas, y están iluminadas
por la luz que penetra por la izquierda, deteniéndose en los
rostros y en las manos. Juega con el colorido, logrando magníficos
contrastes entre los ocres, blancos y azules con el rojo de la alfombra
de primer plano.
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