José
de Ribera "El Españoleto". Biografía y obra
Introducción
a la biografía y obra de José de Ribera "El Españoleto"
Pintor barroco
perteneciente a la Escuela valenciana de la primera mitad del s.XVII,
José de Ribera ha sido considerado como el punto de arranque
del movimiento naturalista en España, aunque la mayor parte
de su vida la pasó en Italia.

Influida por Caravaggio,
su pintura presenta unos marcadísimos contrastes tenebristas,
con abundancia de negras sombras, suavizados en su madurez por la
inclusión de un colorido y una luz estudiados de los maestros
venecianos. Poseedora, además, de unas calidades tan cercanas
al realismo que se hacen táctiles en telas y pieles, su obra
se caracteriza por una fuerza sorprendente y un verismo que no omite
ningún aspecto de la realidad, por más cruel o desagradable
que sea.
Biografía
de José de Ribera (1591-1652)
Setabense de nacimiento,
Ribera se debió sentir muy orgulloso durante toda su vida,
que fue por lo demás extraordinaria, de su procedencia española,
como lo demuestra el hecho de que en Italia se hiciera conocer por
"El Español", sobrenombre que derivará, debido
a su pequeña estatura, en "El Españoleto".

Nacido en esta
localidad valenciana de Játiva en el año de 1591, no
se sabe con exactitud cuáles fueron los motivos que determinaron
su cambio de residencia dado que es escaso lo que se puede afirmar
de su vida sin faltar a la verdad puesto que buena parte de la información
que sobre su biografía existe aparece rodeada de leyenda (se
le ha llegado a vincular incluso con la mafia napolitana de la época).
Sea como fuere,
el caso es que, tras un breve periodo en la infancia de permanencia
en Valencia (donde se ha especulado con la posibilidad de un aprendizaje
al lado de Ribalta), en 1611 ya aparece documentado por primera vez
en Italia, concretamente en Parma. Será en Nápoles sin
embargo, y tras un breve paso por la Academia de San Lucas de Roma,
donde desarrolle la mayor parte de su producción artística
y disfrute de buena parte de su vida, falleciendo en dicha ciudad
en 1652.
El hecho de aparecer
a la temprana edad de 20 años como pintor nominal, y se supone
que ejecutor, de un encargo tan importante como un cuadro para una
iglesia de Parma, en concreto un hoy día perdido San Martín
para la parroquia de San Próspero, hace suponer la enorme fama
de la que debió disfrutar desde los mismísimos comienzos
de su andadura pictórica.

En Roma, ciudad
culpable de la aprehensión por parte del joven Spagnoletto
de la influencia naturalista, realizaría una serie denominada
los Cinco Sentidos. Se sabe que habría recibido una serie de
encargos importantes en esta ciudad de igual modo, aunque un estilo
de vida que le acabará procurando serias estrecheces económicas
será al final determinante para que acepte un trabajo en Nápoles.
Es esta ciudad,
donde el caravaggismo está en pleno auge, la siguiente etapa
y la más importante de su producción y en su producción.
Ronda el año de 1616 y Ribera entra a formar parte por un corto
periodo de tiempo del taller de Gian Bernardo Azzolino, con cuya hija
acabará desposándose en ese mismo año, para establecerse
a continuación en su propio taller.
Ribera comienza
a recibir encargos importantes, algunos de los cuales provendrán
de España, como el de la Colegiata de Osuna, para la que llevará
a cabo su famosísimo óleo El Calvario (1618?1625?).
Su consideración
no deja de crecer y, en 1624, a la muerte del duque de Osuna, con
quien mantenía una estrecha relación, su sucesor el
duque de Alcalá nombrará a Ribera con el título
de Pintor de Corte, en función de la potestad que su investidura
como virrey de Nápoles le otorga.
Por estas fechas
trabaja para iglesia della Trinità delle Monache en un San
Jerónimo, realiza el lienzo del Martirio de San Andrés
(1628) y lleva a cabo una gran cantidad de encargos, entre los que
destacan algunos de sus famosos martirios de San Bartolomé
y, ya en la década de los años 30 (punto de inflexión
en su pintura), la serie realizada para el Convento de las Agustinas
Recoletas de Monterrey en Salamanca, para cuyo retablo mayor ejecutó
una magnífica y colorista Inmaculada Concepción.

Los años
siguientes verán igualmente un incremento frenético
en la actividad del taller de Ribera, sucediéndose los importantes
encargos, y de su popularidad, llegando incluso a ser nombrado por
el Papa Inocencio X Caballero de la Orden de Cristo.
Pero los encargos
se espaciarán en el tiempo previo a la muerte del pintor, el
cual sufrirá una enfermedad que se agravará a la par
que sus penurias económicas (tan sólo aliviadas por
algunos trabajos), además de vivir los diversos enfrentamientos
que se producirán en la ciudad de Nápoles resultado
de un movimiento antiespañol. Enfrentamientos que serán
el detonante del deterioro de la salud del pintor, teniéndose
el final de su vida por tan increíble como esta misma e, igualmente,
distorsionado por la bruma de la leyenda: al parecer, don Juan José
de Austria, enviado para sofocar la revuelta, se habría enamorado
de la hija (según la versión, la sobrina) del pintor,
raptándola para llevarla a un convento en Palermo, conduciendo
dicha circunstancia a Ribera hacia la locura, desapareciendo éste
poco después (sin embargo, su partida de defunción apareció
en Nápoles fechada en 1652)
Principales
obras de José de Ribera
Principalmente
reconocido por sus cuadros de carácter religioso martirial,
como los de San Jerónimo o San Bartolomé,
donde su tenebrismo encuentra un amplio campo de actuación
en la representación de cruentas imágenes, Ribera compondrá
también obras de carácter mitológico y profano,
algunas de ellas excepcionales, siempre guiado de la mano de la verdad
que la naturaleza impone.
Tenebristas, completamente
herederos de Caravaggio (junto con Velázquez, Ribera fue el
único caravaggista verdadero en España) son sus cuadros
de la Colegiata de Osuna (el Calvario), los Cinco Sentidos
o el Sileno ebrio, claro recuerdo de las imágenes monstruosas
de la Antigüedad. Lo deforme aparece de forma repetida en su
producción, tal y como se aprecia en el Niño cojo
o en su Mujer barbuda, emparentado con lo marginal, como su
"simbólico" Arquímedes.
Su conocimiento
de la Antigüedad queda asimismo demostrado en obras como Venus
y Adonis, en la que además se percibe un ligero protagonismo
del paisaje, el Triunfo de Baco, Ticio e Ixión
(que recuerdan a Miguel Ángel) o su Cristo de la Piedad,
entre otros.
Otros cuadros
importantes de Ribera son El sueño de Jacob, el Martirio
de San Felipe, la Comunión de los Apóstoles,
o un muy representativo de su estilo San Andrés.
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