Impresionismo
en España
La influencia
de Carlos de Haes fue decisiva en la pintura paisajística española.
Haes fue un pintor belga afincado en España, que se dedicó
a enseñar pintura de paisaje en la Escuela de San Fernando,
promoviendo la reproducción fiel de la naturaleza siguiendo
la tradición de Barbizón. Durante la segunda mitad del
siglo XIX, el impresionismo tiene en España algunos seguidores
como Beruete o Regoyos, que fueron alumnos suyos.

Sin embargo, muchos
pintores españoles irán a estudiar a París y
a Bruselas, donde entran en contacto directo con la pintura al aire
libre. Es el caso de Adolfo Guiard, Darío de Regoyos, Ramón
Casas o Santiago Rusiñol. Será entre 1886 y 1890, cuando
los artistas regresan de París y Bruselas, el momento de recepción
de las aportaciones del impresionismo y postimpresionismo.
Aureliano
Beruete (1845-1912)
La búsqueda
de una representación más moderna, le lleva a incorporar
la técnica impresionista a sus paisajes. Se caracteriza por
una pincelada vasta, pesada y dura, destacando el colorido terroso.
Algunas de sus
obras son Vista de la Vega Baja desde el Cambrón y Vista
del Guadarrama.
Adolfo
Guiard (1860-1916)
Su estancia en
París, entre 1878 y 1886, fue decisiva, ya que allí
conoció y entabló relación con Degas, acercándose
al impresionismo.
A su vuelta de
París, su estilo ya está definido. Usa la gama de colores
y los contrastes de los impresionistas y sus composiciones siguen
los enfoques y las perspectivas de Degas. Representará cualquier
tema tomado de la realidad, escenas de la vida cotidiana.
Ejemplos: Cazadores
en la estación del Norte y El grumete.
Anselmo
Guinea Ugalde (1854-1906)
Era un artista
consolidado, con un estilo académico, cuando en su madurez
y tras un viaje a París, asimila el impresionismo. El primer
cuadro en el que sigue esta técnica es Cristiano. Otras
pinturas de su etapa impresionista son: Gente, Puente de
Roma e Idilio en Arratia.
José
Salís Camino (1863-1927)
Es uno de los
más puros impresionistas de nuestra pintura de paisaje. Sus
temas están sacados de la realidad, su paleta es clara, luminosa
y su pincelada rápida y segura.
Darío
Regoyos (1857-1913)
Nació en
Ribadesella y se formó en la Escuela de San Fernando con Carlos
de Haes. Se trasladó a París y a Bruselas y finalmente
se estableció en el País Vasco.

Conoció
el impresionismo al entablar contacto con Degas, Monet, Pisarro y
Signac y usará las nuevas técnicas para expresarse en
un lenguaje propio.
Recorrió
toda la península buscando nuevas temáticas y posibilidades
lumínicas para su obra. Destacan los escenarios castellanos
que serán una constante y en concreto la ciudad de Burgos.
Su interés
por las calidades lumínicas queda de manifiesto en Claro
de luna, donde mezcla la iluminación artificial con el
esplendor de la luna para ofrecer una bella vista de la catedral de
Burgos.
Regoyos es fundamentalmente
paisajista, aunque en sus paisajes también aparecen figuras
humanas que se integran en el entorno que las rodea.
Esta asociación
entre el paisaje y las figuras, la podemos ver en Viento del Sur,
donde representa una iglesia entre casas bajas, en un campo seco,
y al viento arrastrando las ropas y los velos de varias mujeres.
En Mercado
de Dax reproduce un típico mercado de pueblo, con los diversos
tenderetes que forman la calle por la que se agrupa la gente.
Tempestad en
el Pirineo, es uno de esos escasos paisajes suyos en los que sólo
hay naturaleza. El hombre rara vez estaba ausente en sus pinturas,
ya que si no figuraba con su presencia física, lo hacía
con sus obras: barcos, carros, casas, sembrados
Ejemplo, Capilla
Real de Granada o Castillo de Mota.
Entre sus retratos,
destaca el de Doña Dolores Otaño, que aparece
sentada, leyendo un libro. En él practica la técnica
puntillista.
Francisco
Gimeno (1858-1927)
Realizó
numerosos paisajes, aunque también pintó figuras, interiores,
bodegones, como por ejemplo, Niño y perro, que refleja un ambiente
doméstico espontáneo, como si fuera una escena real.
Sus paisajes se
centran en Cataluña y prefiere los ambientes rurales. Ejemplo,
El velado, Agua brava o Huertos.
Su técnica
es segura y vigorosa, la pincelada es densa y los efectos de la luz
son atrevidos.
Ramón
Casas (1866-1932)
En su viaje a
París coincide con la exposición de los impresionistas
de 1882. En su paleta predominan las tonalidades frías, grises
y de empaste ligero. Su paleta limpia y jugosa, transmite la luminosidad
y lo fugaz de cada momento.
Su cuadro más
famoso es Plein air, donde aparece una mujer joven sentada
en la mesa de un café al aire libre. Lo más destacado
de esta obra es su compleja composición espacial.
La sensación
de profundidad queda marcada con la silla vacía del primer
plano, la figura femenina sentada y la figura masculina al fondo.
Las figuras están bien delimitadas pero las formas se disuelven
en los edificios del fondo que no son más que manchas de color.
Casas también
pintó a la multitud, como en Plaza de toros, El Baile
de la Tarde, Garrote vil o La Salida de la procesión
del Corpus de Santa María del Mar.
Plaza de toros
es una obra muy colorista y con toque abocetado en el público
del graderío.
Baile de la
Tarde es un espacio abierto con toldo donde se agrupan las parejas
que bailan mientras los espectadores permanecen sentados.
Santiago
Rusiñol Prats (1861-1931)
Bajo las premisas
del impresionismo pintó los rincones del París más
popular, como es el barrio de Montmartre. Ejemplos, Vistas de Montmartre
en invierno o El café de Montmartre.
A su regreso de
París, abandonó los barrios pobres y se dedicó
al paisaje. Deja los tonos grises y su paleta se hace más empastada
y rica. Se convirtió en el pintor de los jardines, sobre todo
los de Granada, Sevilla y Aranjuez. Jardín de Aranjuez
o Muralla verde.
Casas y Rusiñol
renuevan completamente el panorama artístico catalán
y dan paso a una nueva corriente, el modernismo.
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