Jean-Baptiste
Carpeaux, Biografía y obra
El romanticismo
permitió a los escultores del siglo XIX liberarse de los modelos
del pasado, creando obras nuevas basadas en la imaginación
y en las emociones. Carpeaux es un artista tardo-romántico,
en él encontramos el paso al Realismo. Busca captar el movimiento
e introducir la acción. Rehuye del modelado liso del neoclasicismo
y propone las superficies ásperas y el gesto grandilocuente.
Su aspecto realista
no está en la temática, sino en la técnica y
en la intención realista. Continúa la línea de
lo barroco y de lo complicado. Logra un realismo pictórico
lleno de vivacidad, preocupado por reflejar vivamente la expresión
de la naturaleza. Muestra una atención más detenida
de la realidad, una concepción más verista del arte.
Su modelo es nervioso e intuitivo, y se aprecia el interés
por reflejar el juego incesante de luces y sombras.
Jean-Baptiste
Carpeaux nace el 11 de Mayo de 1827 en Valencinnes. Su vocación
artística comenzó muy temprano, desde niño realizaba
figuras con yeso. A los dieciséis años modela en barro
y talla en madera dos frontones para una casa de su ciudad natal.
Sus estudios comienzan
con un riguroso aprendizaje artístico. En 1842 se traslada
a París para estudiar en la Escuela Real de Dibujo y Matemáticas.
De Rude recibe la enseñanza de la escultura romántica,
gracias al cual se apartó del academicismo y acuñó
un estilo personal libre y vivaz.
En 1854 consigue
el Premio de Roma, lo que le permite completar su formación
en Italia estudiando la escultura de a antigüedad romana y del
Renacimiento, y en particular la figura de Miguel Ángel.
El grupo de Héctor
y Astyarax muestra todavía cierta frialdad académica.
Sin embargo, El conde Ugolino y sus hijos es el reflejo de
la admiración que siente por Miguel Ángel y aquí
resume todos los conocimientos adquiridos durante su formación.
Para las figuras de los hijos se inspira en el Laooconte y para el
padre, en el Pensiodoro. Esta obra causó gran admiración
por su fuerza dramática y le sirvió de inspiración
a Rodin para concebir su Pensador. A través del bronce, el
material preferido por los escultores románticos, Carpeaux
muestra la expresividad de sus figuras, la marcada gestualidad de
los rostros.

Al poco tiempo
expone en la capital francesa Niño pescador cogiendo una
caracola, otra de las obras realizadas durante su estancia en
Italia y se observa la influencia de Rude y su Niño de la
tortuga. Debido a la gran acogida que tiene esta obra y movido
por intereses económicos, realizará variantes entre
las que destaca el Pescador napolitano.
En muchas esculturas,
Carpeaux, capta el movimiento del cuerpo humano, al igual que sus
colegas, pero además, hará que el gesto transmita o
permita visualizar el dinamismo. Es una escultura de acción,
a veces contenida. Esto le hace abrir las libertades que más
tarde alcanzará las obras de Rodin y de otros escultores contemporáneos.
En el retrato
El príncipe imperial y su perro Nero busca plasmar el
contorno y el volumen final de la pieza. Las facciones del príncipe
reflejan la dulzura heredada de su madre, la emperatriz Eugenia, que
con gesto protector apoya el brazo en el perro Nero y lo acaricia.
Capta la apariencia de vida y el movimiento del retratado.
En los bocetos
que realiza para Watteau, pintor del siglo XVIII, intenta representar
lo más característicamente al personaje, sus facciones,
su ropa. Dinamiza la escultura imprimiéndole la fuerza psicológica,
que da la sensación de movilidad frenada, ya que a primera
vista puede parecer una figura estática.
Carpaux es un
escultor conocido en la Corte de Napoleón III y por ello es
invitado a participar en proyectos públicos que contribuyan
a monumentalizar el Imperio. Trabajará entonces en las labores
de ornamentación del pabellón de Flora del Louvre y
en la Ópera de París.
Charles Garnier
fue quien le encargó La danza, uno de los cuatro grupos
escultóricos que junto con El drama lírico, La música
instrumental, y La armonía, forman parte de la fachada principal
dela Ópera de París. Se trata de un relieve que representa
un baile de ninfas alrededor de un genio alado. La obra de Carpeaux,
se diferencia de las otras tres, rígidamente simétricas.
El personaje principal, desnudo, desplazado ligeramente a la izquierda,
tiene a los pies a un niño juguetón que anima a bailar
a un grupo de jóvenes, casi desnudas, en torno a él.

La obra contiene
un gran dinamismo y las figuras, tratadas con gran naturalidad, expresan
gran alegría, mediante rostros y miradas llenas de picardía.
Encontramos influencias
de La Marsellesa de su maestro Rude, pero abandona el tono épico
y se decanta por actitudes más relajadas y juguetonas próximas
al rococó francés.
Este relieve causó
un gran revuelo en la época porque se consideraba un tema indecoroso
y por el tratamiento excesivamente realista de los personajes.
En Fuente del
Observatorio, trata el cuerpo femenino con más pudor, más
acorde con los gustos que imperan. Cuatro mujeres que representan
las razas humanas giran lentamente alrededor de una esfera zodiacal.
Realizará
también retratos, en los que capta la personalidad de sus personajes.
Son obras llenas de vida, como el Retrato de la Marquesa de la Valette.
El estilo de Carpeaux
es muy personal, se caracteriza por tener una excelente calidad técnica,
ser alegre y dinámico. Sus obras rompen los modelos creados
por la Academia. No tiene discípulos directos, pero va a ser
muy copiado hasta el surgimiento de la escultura modernista francesa,
que será uno de sus progenitores.