Biografía
y obra de Antonio Gaudí
Introducción
a la obra de Antonio Gaudí
Antonio Gaudí,
máximo representante del modernismo y uno de los pioneros
de las vanguardias artísticas del s. XX, nació el 25
de Junio de 1852. El lugar de su nacimiento se lo disputan Riudoms
y Reus, poblaciones muy próximas entre sí en la provincia
de Tarragona, aunque la mayoría de sus biógrafos afirman
que nació en Reus. De su padre, que fue calderero en Riudoms,
heredó la tradición artesanal.

Desde pequeño,
Gaudí padeció un problema reumático que le impidió
ir a la escuela y jugar con los niños de su edad, convirtiéndose
en un gran observador de la naturaleza, de la que le atraían
las formas, los colores y la geometría.
A los once años
ya manifestaba su entusiasmo por la arquitectura y el dibujo, y a
los diecisiete, se traslada a Barcelona para entrar en la escuela
de Arquitectura.
De su personalidad podemos destacar la religiosidad y el escaso interés
que demostró por la sexualidad. Sólo se conoce el nombre
de una mujer de la que estuvo enamorado, Pepita Moreu, que rechazó
la mano de Gaudí. Podríamos asegurar que el trabajo
llenó su vida por completo.
El
Modernismo y Gaudí
Su actividad profesional
se desarrolló en Barcelona, que a finales del s. XIX vivía
un momento de auge económico debido al florecimiento de la
industria y el comercio. La nueva burguesía enriquecida fue
la gran mecenas del modernismo, movimiento artístico europeo
de finales del s. XIX, que en España, como en el resto de Europa,
tomó unos tintes originales propios y creó la necesidad
de renovación.
El
modernismo en Cataluña se nutrió de la "Renaixença",
sentimiento nacionalista que reivindicó la cultura y la política
buscando referentes históricos en la gloriosa Edad Media. Extrajo
los elementos tradicionales catalanes y recuperó el gótico
como símbolo de su identidad.
Gaudí partió
de un medio artístico local unido a las características
del modernismo y del Art Nouveau e intentó superar
estas tendencias y alcanzar un lenguaje propio.
Sus obras iniciales
se apoyaron en la hibridación y reinterpretación de
estilos históricos, sobre todo de los medievales gótico
y mudéjar. Influenciaron notablemente en el artista el libro
de Violet Le Duc sobre la arquitectura francesa de los siglos XI al
XVI y los escritos teóricos de Ruskin, quien predicó
en 1853 que el ornamento era el origen de la arquitectura, despertando
el gusto por las formas caprichosas y por los juegos ornamentales
que darían origen al Art Nouveau.
Una de las constantes de su obra es el amor a la Naturaleza. En las
formas vivas, vegetales o animales, encontró una fuente de
inspiración, que quedará reflejada en el uso de piedras
de construcción curvas y formas orgánicas.

Gaudí no
sólo revolucionó la arquitectura, además diseñó
muebles, elementos decorativos con vidrio y cerámica y empleó
el hierro forjado. Todos ellos formaban parte de sus construcciones.
Entiende la arquitectura como un arte integrador, simbólico
y total dentro del mundo natural. Buscó la luz y el color.
Sus edificios resultan una gran escultura de símbolos en cuya
decoración tienen cabida otras artes, un intenso trabajo que
desarrolló con la colaboración de numerosos artesanos.
La exposición
universal de París de 1878 supuso el principio de su fama,
allí conoció a uno de sus mejores amigos, Eusebio Güell,
su principal mecenas junto con la burguesía y el mundo eclesiástico.

Etapa
historicista de Gaudí
En la obra de
Gaudí se puede hablar de dos etapas. Una primera historicista
que va desde 1883, fecha en la que ya empieza a trabajar en la Sagrada
Familia, hasta 1900. La primera construcción es la Casa
Vicens, de estilo hispanoárabe, realizada con abundante
azulejería y con atrevidos mocárabes en sus techumbres.
Siguiendo una estética gótica realizó el Palacio
Güell (1886-91), el Colegio Teresiano (1888-90), el
Palacio Episcopal de Astorga y la Casa de Los Botines
en León.

Etapa
Modernista de Gaudí
Entre 1898 y 1904,
dos construcciones marcan un cambio en su estética avanzándonos
lo que será la fase posterior, Bellesguard (Bella Vista) y
la Casa Calvet. Bellesguard, plasma un gótico de ensoñación
que se funde con el paisaje que le rodea y la Casa Calvet muestra
a un Gaudí preocupado por los patios interiores y por las formas
orgánicas de los muebles diseñados para su decoración.
Desde 1900 hasta
1917 se produce la segunda y gran etapa de la obra gaudiniana. Es
el período de las construcciones más atrevidas, más
modernas y más personales. En el Parque Güell, se evidencian
sus inquietudes por los valores arquitectónicos y estéticos
de carácter libre y de gran fuerza cromática.
En la Casa Batlló
(1904-1906), el modernismo de Gaudí alcanza su plenitud. Lo
que en principio era una simple reforma de un edificio ya construido,
dio la oportunidad a Gaudí de crear una de sus obras más
poéticas. La fachada, ondulada verticalmente, está revestida
de fragmentos de vidrio y cerámica de diferentes colores. El
propio Gaudí fue indicando a los operarios, desde la calle,
la distribución de los diferentes fragmentos y colores. La
parte baja del edificio fue sustituida por unas formas ondulantes
talladas en piedra, que integran los balcones, y en los que se ven
unas delicadas columnas con temas florales. En los detalles decorativos
demuestra que es al mismo tiempo arquitecto, decorador y genial escultor.

Entre 1906 y 1910,
Gaudí realizó,la Casa Milá, conocida también
como La Pedrera por la impresionante fachada que fue concebida como
una gran masa de piedra ondulante sin líneas rectas. En el
tejado utiliza formas abstractas y vanguardistas que sirven de accesos,
chimeneas o puntos de ventilación.
Desde 1917 y hasta
1926, año en que Gaudí murió atropellado por
un tranvía, dedicó todos sus esfuerzos al gran templo
de La Sagrada Familia. Las obras progresaron muy lentamente, desde
1883 a 1891 se realizó la cripta, en 1893 se cerró el
ábside y hasta 1925 no se finalizó la primera de las
cuatro torres que debían completar la fachada del Nacimiento.
La Sagrada Familia, su obra inconclusa, es inclasificable. Tomó
elementos y estructuras del pasado, pero sobre todo dejó rienda
suelta a su imaginación para crear un monumento tan lleno de
personalidad que hoy es símbolo de Barcelona.
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